sábado 9 de julio de 2011

Como las flores atraídas por la luz, sin pensar en el objetivo.


4.6 ML: Hay un momento que se presenta durante la búsqueda, en que aparece la pregunta de si vale la pena todo ese esfuerzo, sobre todo ante el testimonio de algunos que mencionan que sus problemas continúan como siempre, muy a pesar de la realización. ¿Puedes aclarar este asunto y explicar si vale la pena la iluminación?

R.Malak: La iluminación, sabemos que no se obtiene a través de libros, ni por medio de la constante búsqueda de centros de iluminadores, como religiones y filosofías, aunque no desconozco que podrían ayudar. Seamos como las flores atraídas por la luz, sin pensar en el objetivo. No hay ningún fin, solo la luz. La dificultad de la mayoría es que se vuelcan a lo que hacen, más que a lo que son.  Así como uno es, es lo que se produce, y no importa realmente lo que uno hace. Obviamente que si la persona escoge modos constructivos, también lo será su manera de ser, sus obras deberían brillar con esplendor. Lo sepamos o no, trabajamos con todas las manos, nos movemos usando todos los pies, somos el señor que disfruta de su mansión tanto como el pordiosero que lleva una vida miserable en la calle; es más, estamos tanto en el ignorante como en el erudito, estamos en el ser débil y en el fuerte. Como los antiguos caballeros nos cubrimos de armaduras, protegiéndonos de lo exterior. Nos cubrimos tanto que aislamos el corazón. Parte de eso con lo que nos cubrimos son los conocimientos, las estructuras, las ideologías, y los juicios de valor.

La mayoría supone que hay una meta que alcanzar, pero nosotros siempre somos, siempre estamos iluminados, y precisamente no saberlo es ignorancia. Detectar eso es deshacerse de la confusión, lo cual puede suceder de manera paulatina, o completa y repentina. Cuando tenemos mayor éxito es en el momento que nuestro ego no participa, y cuando el ego no participa el juicio es más certero y claro. Aquel que ve a los demás en sí mismo y a sí mismo en los demás, está viendo a lo Divino. Eso lo somos siempre, y suponer que habría que comprender, experimentar, es producto de la eseidad o identificación con el ego. Muchos que supuestamente han percibido la naturaleza del sí mismo, se quejan de que no han ganado nada de su vivencia, todavía tienen tantos problemas como antes. Las aflicciones no han desaparecido, después de ello continúan manifestándose como siempre. Lo cierto es que ante una auténtica realización, se está más consciente de los problemas y se sabe cuándo surgirán y por qué se está sufriendo con ellos, conociendo claramente la situación. De hecho, se comprende la irrealidad de la entidad sufridora.

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