12.13 ML: Cuando veo algo agradable, lo quiero. ¿Quién lo quiere exactamente, el sí mismo o la mente?
R.Malak: La conciencia centralizada y el mundo son lo mismo, es una ilusión que se ha construido de mi, pero yo no soy eso, observo sin juicio como ocurre, es el juego de lo Divino, no hay un quién quiere algo. Hay deseos, aspiraciones, temores, miedos, enojo, pero verdaderamente no hay nada que uno pueda llamar yo o mío, todos son estados de la mente, ella interpreta, revisa, determina, analiza todo aquello que toca. Si comprendo eso, ya el cuerpo como individualidad no complica en el vivir. La mente se sosiega, y el discernimiento, que no es tan solo discriminar sobre el color de un objeto, sobre la validez de una virtud o sobre la importancia de la vida, se aúna a la facultad que pone el alcance de un saber total y contundente respecto a la realidad, un inmenso océano de realidad no diferenciada. Está siempre presente esta comprensión, es eterna y permanece siempre, solo que generalmente está cubierta por la mente y los pensamientos, que, como manifestación, nos impulsan a dirigir nuestra atención a lo mundano.

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